¿Por qué todavía no arranca el coche eléctrico?

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El vehículo eléctrico no acaba de despegar. Su precio no es competitivo, sobre todo porque sus baterías no le dan suficiente autonomía para relevar a un motor de combustión en largas distancias. España cuenta con pocas estaciones de recarga (761, según el Ministerio de Industria) y las ayudas a la adquisición de enchufables ha sido hasta ahora cuestionables, nada comparables a otros países punteros, ni por cantidad ni por continuidad. Y, ante el poco éxito de la tecnología, hay poca oferta de vehículos.

Esos son los motivos del ínfimo éxito de los coches eléctricos en España y en el resto de Europa. Los conductores no lo ven claro. Pero tampoco las administraciones han acabado de acompañar su desarrollo pese al discurso medioambiental oficial; ni tampoco lo ha hecho la industria, que, obligada por sus cuentas de resultados, sigue centrada en la tecnología de combustión, ya sea con motores de gasolina o diésel.

Los eléctricos son, para los grandes fabricantes, una cosa de bolsillos con alto poder adquisitivo. Y para esos bolsillos (o para todos) el medio ambiente tampoco debe de ser tan importante, a tenor de la afectación a las ventas de las marcas del Grupo Volkswagen tras su dieselgate, una demostración de que los motores TDI afectados contaminaban en realidad 40 veces más que lo permitido. Apenas ha habido castigo en ventas.

La patronal europea ya pidió, en plena crisis por la falsificación de las emisiones de los motores diesel de Volkswagen, que las autoridades europeas acompasaran sus demandas medioambientales a los esfuerzos de los fabricantes. Y se referían a motores diesel, así que se puede suponer cuál sería su reacción si recibieran cualquier presión para implantar el eléctrico con una firme apuesta.

Un 0,2% de los coches vendidos en España

Con las actuales cifras de matriculaciones de los eléctricos, todo apunta a que las marcas seguirán investigando la tecnología eléctrica, pero priorizarán las propulsiones tradicionales que -hay que reconocerlo- cada vez requieren menos consumo y emiten menos contaminación. Y no se pondrán en serio hasta que vean un competidor serio que se meta en su negocio y que, probablemente llegue de fuera -pongamos el caso de Apple.

ACEA, la asociación europea que aglutina a los fabricantes de automóviles, calcula que en 2014 solo el 2,7% de los vehículos matriculados en Europa utilizaban un combustible alternativo -gas natural, gas licuado, etanol, biodiésel o eléctricos. En España los vehículos eléctricos crecieron el año pasado un 25%. El porcentaje es portentoso, pero los números absolutos se aproximan a lo ridículo: 2.324. Eso en un mercado que el año pasado volvió al millón de unidades de matriculaciones. Un 0,2% fueron eléctricos. España está a la cola en penetración de vehículos eléctricos en el marco europeo.

Ni el efecto invernadero que provoca el dióxido de carbono ni las muertes anuales que provocan los óxidos de nitrógeno son argumentos suficientemente fuertes para modificar los hábitos de compra de los conductores. Queda por ver cuál será la definitiva palanca de cambio: previsiblemente la capacidad de las nuevas generaciones de baterías. Pero incluso ese factor requerirá de otro de similar importancia para crear una contracorriente con suficiente fuerza que genere una masa crítica mínima para convencer a la industria de que ha de centrar sus esfuerzos en el vehículo eléctrico.

Andorra prevé cargadores en los parkings

El directivo de un fabricante señalaba recientemente el poder que tendría la creación de flotas públicas y privadas de vehículos eléctricos para poner en marcha toda la maquinaria necesaria para crear un futuro eléctrico creíble. Ese tipo de coches y furgonetas quedarían expuestos a ojos de todos, ayudaría a dinamizar la infraestructura necesaria y su consolidación sería mucho más plausible.

Aunque es cierto que les ha faltado continuidad, las ayudas públicas ahora parecen más activadas. La adquisición de un vehículo eléctrico está bonificada, las empresas se pueden deducir el uso de vehículos ecológicos e incluso los ciudadanos pueden disfrutar de ventajas -como la gratuidad de las autopistas que son de titularidad de la Generalitat de Catalunya- que podrían decantar el fiel de la balanza hacia el coche eléctrico, que también es mucho más barato por kilómetro recorrido que uno convencional.

Pero hoy esa competitividad topa con algunos obstáculos administrativos. Es el caso de la posibilidad de instalar cargadores en aparcamientos comunitarios. Ese es un punto que ha entendido importante el Gobierno andorrano, al introducirlo en su proyecto de ley de fomento del vehículo eléctrico, que también contempla la exención del pago del impuesto de tenencia de vehículos en el caso de los eléctricos. El auge de los vehículos híbridos demuestra que hay esperanza con el transporte privado verde. La cuestión es si alguien se lo cree más allá de un simple discurso.

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