Los retos de la internacionalización de las PYMEs

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La apuesta por la internacionalización de las PYMEs españolas ha sido, a veces, el resultado de una estrategia empresarial premeditada. Es el caso de las empresas Hidden y Brand Champions, PYMEs con una vocación exportadora muy marcada, altamente innovadoras y con una cultura organizacional muy dinámica. Pero en la mayoría de ocasiones, la obertura comercial al exterior de la PYME en España ha sido una reacción coyuntural, forzada por la caída de la demanda interna en un contexto de crisis económica.

Así, “El perfil de la empresa exportadora española” del ICEX revela cómo el sustancial incremento del número de empresas exportadoras españolas entre 2008 y 2014 es imputable principalmente a la actividad de las PYMEs. Además, datos recientes (tercer trimestre 2015) de la misma fuente muestran que el número de empresas exportadoras regulares, es decir, empresas que han exportado durante cuatro años consecutivos, ha aumentado tan solo en un 1%. Esto significa que la mayor parte de estas nuevas PYMEs exportan de forma esporádica.

Dicho de otra manera, el porcentaje de PYMEs que inician la internacionalización de su actividad y desisten posteriormente es muy notable. Resulta evidente que las exportaciones y el acceso a los mercados internacionales representa una opción de emergencia para las PYMEs en caso de contracción de la demanda doméstica, pero raramente constituye una apuesta estratégica de las compañías.

Tres problemas del sector exterior

Este menor e irregular grado de internacionalización, unido a la importancia relativa de la PYME en la estructura económica de España dan lugar a tres problemas estructurales del sector exterior español. En primer lugar, la base exportadora del país es limitada. En España, el peso de las exportaciones de mercancías en porcentaje del PIB entre 2008 y 2014 se ha situado en el 17%, frente al 39% de Alemania, el 22% de Italia o el 18% de Francia según el Banco de España.

Segundo, existe una dualidad manifiesta en el sector exportador español. Por un lado, existe un grupo reducido de grandes empresas que exportan de forma regular y concentran un elevado porcentaje de ventas al exterior; por otro lado, existe otro grupo de empresas, mucho más numeroso e integrado fundamentalmente por PYMEs, que exporta poco y de forma discontinua. Según datos recogidos en un informe de la CEOE, las 100 compañías de mayor dimensión concentran un 40% del total de exportaciones; de las 147.731 empresas que exportaron en 2014, sólo 45.842 son exportadoras regulares y éstas concentran el 93% de las ventas al exterior.

Tercero, las exportaciones de las PYMEs están muy concentradas geográficamente y sectorialmente. Las dos terceras partes de las exportaciones de manufacturas se dirigen a países europeos, Portugal y Francia mayoritariamente. La proximidad geográfica y la simplicidad de los trámites administrativos justificarían este extremo. A nivel sectorial, las exportaciones de servicios constituyen aproximadamente el 46% de las ventas totales al exterior de las PYMEs, entre las cuales destacan las exportaciones de servicios turísticos y en menor medida las asociadas a actividades de transporte internacional.

Limitaciones de la microempresa

Por este motivo aumentar la base exportadora de la economía española y el grado de internacionalización de sus empresas pasa necesariamente por la PYME. Comparando la experiencia de las empresas Hidden & Brand Champions con el resto de PYMEs españolas podemos concluir que la menor actividad exportadora de estas últimas se explica fundamentalmente por dos factores principales: a) La microdimensión de la PYME española y b) su indefinición estratégica.

De acuerdo con la Comisión Europea, el 95% de las empresas en España son microempresas (menos de 10 empleados). Sin embargo, en el proceso de internacionalización, el tamaño de la empresa es muy importante. Esta atomización del tejido empresarial, muy dependiente del crédito bancario, supone una capacidad de producción muy limitada que condiciona la posibilidad de realizar inversiones en recursos materiales y humanos. Los resultados son escasa competitividad internacional consecuencia de una baja productividad, una escasa innovación y un nivel tecnológico precario.

El orden de los factores altera el producto, especialmente cuando se trata de microempresas. No se trata de internacionalizar la actividad para crecer, sino más bien de aumentar la capacidad de producción para acometer unas inversiones que permitan afrontar con éxito el acceso a los mercados exteriores. Correa-López y Domenech (2012) en un informe sobre “la internacionalización de la empresas españolas” estiman que un aumento del 1% en el tamaño empresarial incrementa la probabilidad de exportación un 5%. Análogamente, un aumento del 1% en el stock de capital real por empleado elevaría la probabilidad de exportación un 1,8%.

Otra de las causas principales que explican el fracaso del proceso de internacionalización de la PYMEs en España radica en que muchas de esta compañías, forzadas por la circunstancias o instigadas por la presión del entorno institucional, se han embarcado en un proceso de apertura al exterior para el cual no estaban bien preparadas. Desde el punto de vista estratégico, la planificación del proceso de internacionalización debe ser, paradójicamente, anterior a la exportación.

Cómo abordar la internacionalización

Introducirse en un mercado exterior mediante exportaciones o inversión directa requiere tener presente consideraciones relativas a los canales de ventas y otros aspectos comerciales, la logística y la dirección de operaciones, la financiación de las inversiones o las implicaciones legales de la actividad empresarial entre otras. Pero en cualquier caso, la internacionalización solo presenta garantías de éxito si los mercados exteriores dejan de contemplarse como un recurso de emergencia con el que paliar las caídas de la demanda interna en períodos de crisis.

La internacionalización debe entenderse como una estrategia definitoria de la actividad de la PYME. Una inversión idiosincrática, capaz de ampliar y diversificar los mercados a los que dirige la oferta de la compañía. Esto implica contar con un personal directivo con una experiencia mínima sobre cómo funcionan los mercados internacionales, capaz de identificar mercados potenciales, riesgos y nuevas oportunidades de negocio a nivel global.

Solo con estas premisas será posible materializar el cambio de paradigma en la gestión empresarial de las PYMEs, y capturar los beneficios potencialmente positivos que proporciona el comercio internacional, en términos de mayor productividad y bienestar. El futuro económico de España depende de la capacidad de las empresas pequeñas para abrir al exterior sus negocios. La PYME será internacional o no será.

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