La importancia de hablar en público (y cómo trabajarlo)

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Uno de los puntos a los que he dado más importancia a lo largo de mi vida es a hablar en público. La verdad es que el tiempo me ha demostrado que saber comunicar te da un valor añadido que algunas veces resulta indispensable en el mundo de la inmediatez en el que nos movemos. Y es así.

Comunicar, y hacerlo bien, es algo realmente importante, básico y necesario para cualquier proyecto. Las escuelas de negocios enseñan a poder contar en un minuto un proyecto por si nos encontramos al magnate de turno en el ascensor, pero nos olvidamos de dar un paso más y pensar cómo debemos relacionarnos con quien tenemos delante en cada momento. Si acabamos contando lo mismo a un inversor que a un usuario final, probablemente estaremos explicando muy poco del modelo de negocio al inversor y mucho de la economía de la empresa al usuario, y posiblemente ninguno de los dos quedará enamorado.

La primera idea que tener en cuenta es que cada contexto requiere una preparación y a la vez una forma de proceder distinta. Nunca he ido a una reunión sin tener una mínima idea de lo que se trata ni un esquema de lo que quiero decir, como no voy a una comida de trabajo sin mirar con quién me reúno y tratar de averiguar cómo puedo encarar la conversación. Son normas básicas que trato de seguir para que la situación no me supere.

Un triángulo de ideas

Llegados a este punto, sé lo que pensáis. La teoría está muy bien, pero, ¿y la práctica? No hace falta sufrir, hay trucos que se pueden aplicar. Personalmente lo que me gusta mucho es dibujar un triángulo en un papel y escribir en cada una de las esquinas qué mensaje quiero dar, en forma de titular. Palabras claves que me sirven para saber el tema, ser consciente de los ítems a tratar y así poder hilar un discurso. Esto me permite reducir las ideas a tres puntos clave, y lo más importante: recordarlas fácilmente y poder evitar papeleos y balbuceos. ¿Qué me queda mucho tiempo? Me alargo un poco más en alguno de los puntos. ¿Qué queda poco tiempo? Aprieto el mensaje en alguno de ellos y paso al siguiente.

Es verdad que vivimos en una sociedad donde impera la ley del más fuerte, quien más grita más consigue. Pero en comunicación esta norma no siempre es la correcta. Tener un discurso estructurado, de forma que puedas desarrollar toda tu explicación y, al terminar, resumirla en puntos para que quede clara a los asistentes da muy buenos resultados.

En realidad, la oratoria, a pesar de lo que he dicho, no está de moda. Nos empeñamos, y con razón, en exigir idiomas a los empleados pero (casi) nunca he oído una entrevista en la que se pida que se desarrolle un tema o se resuma un artículo. Y debería ser imprescindible. Se me ocurren varias medidas. Una es impulsar clases de oratoria entre los empleados. Es tan sencillo como organizar alguna sesión teórica y promover días concretos en los que los trabajadores tengan que presentar delante de los compañeros temas que les interesen.

Afilar nuestras dotes oratorias

Sin embargo, no siempre hay esta voluntad, y lo que os propongo es ser autodidactas, empezando por aplicar una técnica que me contó un amigo. Resulta que se rompió la rodilla y, al tener que coger muchos taxis decidió aprovechar el tiempo para mejorar sus habilidades de oratoria. Y lo hizo de una forma tan fácil que asusta: usándolos como speak corner de historias inventadas.

El funcionamiento es trivial: llevar muletas conllevaba que le preguntaran “qué te ha pasado” cada vez que subía al vehículo. Y lo que sería una repetición cansina de un mismo relato, que al final aburría e invitaba a llevar papelitos impresos con la explicación, mi amigo lo convirtió en una plataforma de mejora de sus habilidades comunicativas.

Cada vez que un taxista le preguntaba por su lesión él salía con una aventura en la que creaba un contexto, personajes, lugares, hechos… De esta forma pasó de caerse por las escaleras del aeropuerto a recibir una coz de un caballo o a salvarse de un accidente en un ascensor… Una historia para cada taxi.

Más allá de la anécdota, lo que quiero transmitir es la importancia de aprovechar cada momento para foguearse y mejorar. La vida profesional nos pone delante de muchos retos que cuesta afrontar y a veces incluso nos pueden llegar a superar. Preguntas incómodas, temas que no dominamos del todo, encuentros inoportunos o presentaciones multitudinarias. Hay mil situaciones distintas donde saber hablar nos salvará la vida.

Cinco consejos prácticos

Antes de acabar, cinco consejos a tener en cuenta. No siempre todo es tan de color de rosa, así que debemos estar preparados para lo peor:

1. De nada vale saber hablar si no se sabe de qué se habla. No nos puede dejar sin argumentos ninguna pregunta que nos puedan hacer, así que vale la pena prepararse una salida por la tangente.

2. Debemos estar preparados para los ataques. Que duden de lo que dices es algo normal. Espera que te ataquen y prepara una buena defensa.

3. Hablemos con calma. Ni rápido ni lento. Con normalidad. Así transmitimos credibilidad.

4. Rompamos el hielo. Ir a saco sin esperar a que el interlocutor muestre interés es atacar. Mejor ir poco a poco.

5. Observemos las reacciones y actuemos en consecuencia. Así sabremos cómo adaptar la velocidad y tono del discurso a esas reacciones.

Teniendo claro la importancia de la oratoria habremos ganado una pequeña guerra. Y mientras las escuelas y universidades no enseñen a hablar en público, sólo nos queda ser autodidactas aprovechando cada momento de nuestras vidas, así que ya sabéis: ¡a hablar!

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